Nota

Os recuerdo que, para asistir al seminario, es imprescindible haber leído el texto y haber escrito un comentario en el blog.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Sobre la conciencia y la bondad de las acciones

Os propongo comentar los capítulo 6 y 7, de modo que el último día todos podáis ver con detenimiento el último capítulo y tengamos tiempo para hacer otras reflexiones de carácter general.

El capítulo quinto es especialmente interesante -aunque creo que los anteriores también lo han sido....-

El planteamiento es sencillo: "Hay que seguir la propia conciencia" y acto seguido: "La respuesta es correcta y, a la vez, conduce a error en su misma simplicidad"

Os planteo que desarrolléis los argumentos por los que la sentencia puede conducir a error, por qué no es suficiente, por qué puede llevar a actuar injustamente. Tal vez a alguno este problema le resulte insólito ¿Acaso no hay que seguir la propia conciencia? Pero ¿Qué es la conciencia? ¿Qué es la "buena voluntad"? ¿Basta decir que tengo buena voluntad para acertar? ¿Es lo mismo que no me dejen actuar en conciencia a que me obliguen a actuar contra la propia conciencia? ¿Actuaba Hitler según su conciencia? La dificultad conduce a la solución: como siempre, al principio de solución, porque siguen quedando puertas abiertas.

Tras el gran debate del capítulo anterior, la conclusión de Spaemann es la siguiente:
"Hemos visto que nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno,
aunque vimos también que no todo lo que se hace en conciencia es bueno; la
conciencia, en efecto, no es un oráculo, sino un órgano. Y como tal puede estar
mal orientada".

Parece que la propuesta kantiana se dirige hacia la "buena voluntad", pero no es suficiente. En todo caso, aparece una clara referencia a qué sea actual mal -asunto nada desdeñable, por otra parte- y por otro lado una explicitación interesante sobre a qué podemos llamar realmente buena voluntad. Con esto, cerramos algo más lo dicho hasta el momento. Ahora parece que nos aproximamos al núcleo de todo el libro:

¿Qué hace a una acción buena?
¿Qué es lo bueno, qué es el bien?
¿Es el bien un "ideal"?
¿Qué relación hay entre bien y "realidad" y "dignidad"?
¿La obligación moral de "hacer el bien" y "hacer lo mejor" se identifican?
Es decir, el límite superior e inferior relativo a lo bueno ¿qué criterios sigue?
Una sentencia clásica os hará, seguro, reflexionar "operatur sequitur esse", esto es, "el obrar sigue al ser".

No os "atosigo" con más preguntas. Seguro que vosotros véis muchas más cosas. Un cordial saludo.

23 comentarios:

Beatriz Manzanero dijo...

Hola, buenas tardes. Soy Beatriz Manzanero. Tras leer el Capítulo VI, realizaré un breve resumen.

*El significado de conciencia no resulta evidente de antemano. Denominamos conciencia a algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse incondicionalmente; algo que es defendido también por la constitución.
*Hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre, decir que cada individuo como tal es ya una totalidad, es ya “universal”.
*Los hombres pueden saber la razón de lo que hacen. Actúan expresamente y en libertad con respecto al sentido de su acción.
*La conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser finito; el anclaje de ese criterio en su estructura emocional. Por estar presente en el hombre, gracias a ella y no por otra cosa, lo absoluto, lo general, lo objetivo, hablamos de Dignidad Humana.
* La conciencia debe ser descrita como un movimiento espiritual doble. El 1º lleva al hombre por encima de sí, permitiéndole relativizar sus intereses y deseos, y permitiéndole preguntarse por lo bueno y recto en sí mismo.
*La convicción con la que termina nuestro discurso la denominamos conciencia, conciencia que no siempre posee la certeza de hacer objetivamente lo mejor.
*El hombre es un ser que necesita de la ayuda de otros para llegar a ser lo que propiamente es. Esto vale también para la conciencia.
*En todo hombre hay como un germen de conciencia, un órgano del bien y del mal. Pero ese órgano se atrofia si no ven los valores encarnados en una persona con autoridad. Entregados demasiado pronto al derecho del más fuerte, pierden el sentido de la pureza, de la delicadeza y de la sinceridad. Para ellos, la palabra es ante todo un medio de transparencia y de verdad.
*La conciencia delicada u sensible es característica de un hombre interiormente libre y sincero.
*La conciencia no siempre tiene razón. Lo mismo que nuestros cinco sentidos no siempre nos guían correctamente, o lo mismo que nuestra razón no nos preserva de todos los errores.
Y en este punto quería comentar la pregunta que realiza Consuelo al introducir este Capítulo.
¿Actuaba Hitler según su conciencia? Está claro que sí Hitler “hubiera” actuado con conciencia, su conciencia le llevó a cometer infinidad de errores (“La conciencia no siempre tiene razón “)ya que, como todos sabemos, atento contra la dignidad de millones de personas. Pero, da qué pensar… que una persona sin ningún tipo de escrúpulos, no solo fuera capaz de matar personas, sino de “convencer” a otras tantas personas de que lo que él hacía estaba “bien”. Y manipular la conciencia de otras personas. En fin, yo creo que una persona así no puede tener conciencia, si la hubiera tenido le pesaría todo lo que sucedió… pero como no fue así. Por eso creo que no tiene conciencia.
*Pertenece a los derechos del hombre el que no dependan del juicio de conciencia de otro hombre.
*Cuando a uno se obliga a actuar en contra de su conciencia. Se trata de una lesión de la dignidad del hombre. Existe un modo de forzar la actuación contra la conciencia: la tortura, que convierte a un hombre en instrumento sin voluntad de otro.

Un saludo.

Eurídice dijo...

- La conciencia delicada y sensible es característica de un hombre interiormente libre y sincero, cosa que nada tiene que ver con el escrupuloso que, en lugar de contemplar lo bueno y lo recto, se observa siempre a sí mismo y observa con angustia cada uno de sus propios pasos.

- Hay personas que tienen por enfermedad la mala conciencia, el llamado “sentimiento de culpabilidad”, un comportamiento que se opone al propio ser y a la realidad, y consideran tarea del psicólogo quitársela. Pero en realidad, lo que es una enfermedad es no poder tener una mala conciencia o sentimiento de culpabilidad, cuando se tiene realmente una culpa. Lo mismo que es una enfermedad y un peligro para la vida el no poder sentir dolor.

- La revisión de esa actitud la denominamos arrepentimiento. No consiste en un hozar sin sentido en el pasado, sino que lo más adecuado es simplemente tratar de hacerlo mejor en el futuro, pero no puede hacerse si persiste el mismo planteamiento que llevó a actuar mal en anteriores ocasiones. Hay que variar conscientemente una mala actitud, lo cual no se trata de algo puramente racional, sino que interviene también la constitución emocional, y por ello el cambio de actitud significa una especie de dolor por haber actuado injustamente.

- La conciencia no siempre tiene razón ya que aunque nos marca la dirección permitiéndonos superar las perspectivas de nuestro egoísmo y mirar lo universal, lo que es recto en sí mismo, necesita para poder verlo, de la reflexión de un conocimiento real que sea también moral. Esto significa que necesita una idea recta de la jerarquía de valores que no esté deformada por la ideología.

- Se da la conciencia errónea, pero eso no significa ni mucho menos que las personas no deban seguir su conciencia, naturalmente que deben. La razón es que la dignidad del hombre descansa en que es una totalidad de sentido y lo bueno y correcto objetivamente, para que sea bueno, debe ser considerado también por él como bueno, ya que para el hombre no existe nada que sea tan sólo "objetivamente bueno". Si no lo reconoce como bueno, entonces justamente no es bueno para él.

- No hay ningún criterio que nos permita distinguir una conciencia verdadera de una errónea ya que si lo hubiera, nadie se equivocaría.

- Una prueba segura de que uno sigue su conciencia y no su capricho es la disposición a controlar, a confrontar el propio juicio sopesándolo con el de los demás. Pero tampoco es éste un criterio seguro.
- ¿Hay que respetar siempre la conciencia de los demás? Depende de lo que entendamos por respetar. En ningún caso se puede decir que uno debe poder hacer lo que le permita su conciencia o lo que ésta le mande, ya que entonces también el hombre sin conciencia podría hacerlo todo. Cierto que una persona ante sí misma tiene el deber de seguir su conciencia; pero si con ella lesiona los derechos de otros, es decir, los deberes para con los demás, entonces éstos, lo mismo que el Estado, tienen el derecho de impedírselo. Pertenece a los derechos del hombre el que los hombres no dependan del juicio de conciencia de otro hombre.

- No hay más que un indicio para comprobar la autenticidad de la decisión de conciencia, y es la disposición del encartado a atenerse a una desagradable alternativa. La conciencia no es herida si se le impide a uno hacer lo que ella manda, ya que ese obstáculo no cae bajo su responsabilidad. Por eso se puede encerrar a un hombre que quiere mejorar el mundo por medio del crimen. Otra cosa es cuando a uno se le obliga a actuar en contra de su conciencia, pues se trata de una lesión de la dignidad del hombre. Pero, ¿es eso de verdad posible? Ni siquiera la amenaza de muerte obliga a uno a actuar contra su conciencia, como documenta la historia en muchos casos diferentes.

- Existe, no obstante, un modo de forzar la actuación contra conciencia: la tortura, que convierte a un hombre en instrumento sin voluntad de otro. De ahí que la tortura pertenezca a los pocos modos de obrar que, siempre y en toda circunstancia, son malos.

Eurídice dijo...

Buenas tardes, soy Laura Martínez Izquierdo y voy a proceder a enumerar las ideas que he conseguido extraer de los capítulos VI y V y a intentar relacionarlas, poniéndolas en orden o enlazándolas dentro de la misma idea.

CAPÍTULO IV

- Hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre. Cada individuo como tal es ya una totalidad, es ya "lo universal". La conciencia es la presencia de un criterio absoluto, general y objetivo en un ser finito; el anclaje de ese criterio en su estructura emocional. Por estar presente en el hombre, gracias a ella y no por otra cosa, hablamos de dignidad humana.

- Ley natural: En los animales es un impulso interior, un instinto, que les lleva a hacer algo cuyo sentido se le oculta. En cambio, los hombres pueden saber la razón de lo que hacen. Actúan expresamente y en libertad con respecto al sentido de su acción.

- La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos.

- Gracias a la conciencia, podemos relativizar nuestros intereses, ser independientes de los que son momentáneos y objetivos y tener presente la jerarquía objetiva de valores relevantes para nuestros actos. Eso no se produce sólo a nivel teórico sino que afecta a nuestras motivaciones, ya que lo que en el fondo y de verdad deseamos no puede estar en contradicción con lo que objetivamente es bueno y correcto. Así, nos permite preguntarnos por lo bueno y recto en sí mismo.

- Para estar seguro de que no se engaña, el hombre debe abrirse a los demás, no permanecer encerrado en sí mismo, de manera que debe producirse un intercambio, un diálogo con los demás sobre lo bueno y lo justo, en una comunión de costumbres.

- No hay conciencia sin disposición a formarla e informarla.

- Si el individuo es potencialmente lo universal, incluso un todo de sentido, entonces no puede abdicar en otros su responsabilidad. Puede sumarse a la opinión dominante, u obedecer a una autoridad, pero es él a la postre quien debe responder de sus actos o de su obediencia.

- Puede tomar parte en un diálogo y sopesar los pros y los contras, pero éste no tendrá nunca fin, mientras que la vida humana, por el contrario, es finita; de manera que tiene que tomar una decisión y proceder o actuar con convicción, aunque él es quien decide cuando dejar de reflexionar y hacerlo. Así, la conciencia no siempre la certeza de hacer objetivamente lo mejor.

- En la conciencia parece que nos sustraemos por completo a una dirección externa.

- Posibles orígenes de la conciencia:
1. La educación, fundamentalmente de nuestros padres. No es este el origen porque los hombres siempre se vuelven contra las normas dominantes en una sociedad, contra las normas en medio de las cuales han crecido, incluso aun cuando el padre sea un representante de esas normas. Por otro lado, a lo largo de la historia podemos ver que no son los hombres inclinados a la oposición los que obraron o se negaron a hacerlo en conciencia.
2. Es algo innato. No es este el origen ya que el yo-no-puedo-actuar-de-otro-modo de quienes obran por instinto se diferencia como el día y la noche del yo no puedo actuar de otro modo del que obra en conciencia. El primero se siente arrastrado, privado de libertad, pues bien querría actuar de otro modo, pero no puede, de manera que está en discordia consigo mismo. El segundo, en cambio, es expresión de libertad. Viene a decir: "No quiero otra cosa". No puedo querer otra cosa y tampoco quiero poder otra cosa.

- El hombre es un ser que necesita de la ayuda de otros para llegar a ser lo que propiamente es, y eso también es aplicable a la conciencia. En todo hombre hay como un germen de conciencia, un órgano del bien y del mal. Así, los niños tienen un agudo sentido para la justicia, y se rebelan cuando la ven lesionada, para el tono auténtico y para el falso, para la bondad y la sinceridad; pero ese órgano se atrofia si no ven los valores encarnados en una persona con autoridad.

Eurídice dijo...

CAPÍTULO V

- Todo el que actúa tiene, en cierto modo, una buena intención. Nadie puede obrar si no es por amor de un bien, de un valor. El mal consiste en que, al perseguir ese bien de una manera que no se puede justificar, se cause o se acepte a cambio un mal.

- Justificar actuaciones por la así llamada buena intención constituye además una escuela de inautenticidad. Quien pretende hacer algo que no debe hacer, ni tampoco puede querer hacer, intenta por lo general desviar la atención de los aspectos negativos de su acción y dirigirla a los positivos. La conciencia dificulta esa expulsión. La conciencia es una llamada de atención. Sólo se puede llamar buena la voluntad que se deja obligar por la conciencia y considera la realidad total de su proceder; la que no se engaña a sí misma refugiándose en la susodicha buena intención.

- La bondad de un acto tiene que ver con la atención, con una mirada limpia a la realidad. Puede enturbiarla la fuerza del sentimiento momentáneo, la sensibilidad, la ambición, los ideales, etc.

- Se puede pensar efectivamente en situaciones en las que algo que, por lo general es bueno, ahora no lo es. Tampoco el altruismo es siempre bueno. Se dan situaciones en que, sin ser egoísta, y de acuerdo con una medida justa e imparcial, es no sólo justo sino obligatorio posponer los deseos de los demás a los propios.
- La falacia naturalista (término propuesto por el filósofo inglés Moore) consiste en sustituir el bien por otro contenido cualquiera. Pero esto no funciona porque el punto de vista moral, el punto de vista del bien, es absoluto.

- El bien no debe ni puede nunca dejar paso a otras cosas. En cambio, cualquier valoro contenido, en determinadas circunstancias, frente a valores más altos, debe dejar paso a tareas más urgentes o deberes más fundamentales. De ahí que el punto de vista moral no sea un punto de vista accidental. No es cosa distinta del recto orden, adecuado a la realidad, de los puntos de vista. En este sentido, moralidad es ciertamente lo mismo que realidad. La acción buena es la que hace justicia a la realidad.

- El mayor obstáculo cuando se trata de juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer reside en la falta de disposición para poner entre paréntesis nuestros propios intereses. Por eso, la regla moral quizá más antigua y extendida dice: "No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti".

- Para que una actividad sea buena es decisivo que en relación con las cosas, con los animales, las plantas y los hombres, e incluso nosotros mismos, se comporte uno de acuerdo con su valor propio; es decir, que hagamos justicia a la realidad. Esto significa en primer lugar y ante todo, que tratemos a cada hombre corno un ser que, como nosotros, es un fin en sí mismo. Naturalmente que nosotros necesitarnos constantemente de los demás corno medios para otros fines. Decisivo es sólo que, en este sistema, nadie sea solamente medio sin ser al mismo tiempo un fin, es decir, sin que en esas relacione de trato pueda uno perseguir su propio fin.

- Por eso decía Kant que el hombre no tiene valor sino dignidad, ya que cualquier valor es conmensu¬rable y puede entrar en un cálculo comparativo. Llamamos "dignidad", por el contrario, a aquella propiedad merced a la cual un ser es excluido de cualquier cálculo, por ser él mismo medida del cálculo. La dignidad del hombre depende de que sea una totalidad de sentido, de que es, incluso, lo universal. Su dignidad radica en que no es una parte, junto a otras, de la realidad, sino que en su conciencia percibe que debe hacer justicia a la realidad como a un todo: como ser potencialmente moral, la persona merece un respeto incondicional.

Eurídice dijo...

- De ahí que también debamos respetamos a nosotros mismos. Precisamente este respeto exige además hacer justicia a la realidad extrahumana. La mera propiedad no es una justificación. La propiedad sustrae unas cosas al uso de los demás y deja en manos del propietario la decisión sobre su uso, pero eso no significa que su uso no pueda ser moral o inmoral. Arrojar algo que otros pueden necesitar es siempre inmoral. Un cierto grado de abundancia no es bueno para los hombres, porque los ciega para apreciar el valor de las cosas.

- Lo que hace buena una acción es que tenga en cuenta la realidad. Lo que hemos de hacer se deduce en la mayoría de los casos de la “naturaleza de las cosas", de manera que en la mayoría de los casos se comprende por sí mismo lo que hay que hacer. Pero se dan conflictos de deberes. La mayoría de las situaciones en las que nos encontrarnos son complejas: las diferentes exigencias se superponen, lo mismo que las diversas responsabilidades que uno tiene. El ámbito en el que tenemos verdadera responsabilidad no está fijado completamente.

- No se puede fijar definitivamente el límite superior de lo que hace buena una acción. Casi siempre es posible algo mejor que lo que uno hace. Y sería falso decir que estamos obligados siempre a hacer lo mejor de lo posible. Pero seguramente se puede dar un límite inferior. Y es que hay acciones que lesionan la dignidad del hombre, que afectan a su carácter de fin, y que no pueden ser justificadas por deberes más altos, o responsabilidades más amplias. Esto se debe a que la persona humana no es meramente un ser espiri¬tual, sino que se manifiesta de modo natural gracias a su cuerpo y a su lenguaje. Cuando no se los respeta como representaciones de la persona, sino que se los utiliza como medios para alcanzar otra cosa, enton¬ces la persona resulta utilizada sólo como un puro medio. De ahí deriva, en concreto, que son siempre malos la muerte directa e intencionada de un hombre, la tortura, la violación, o el uso de la sexualidad como medio para determinados fines.

- No todo el que dice la verdad actúa ya por eso bien. Puede decirla con amor, con benevolencia, o puede utilizarla corno un arma, con una intención infame. La buena intención no basta para hacer buena una acción, aunque ésta no es posible si no hay buena intención.

- El obrar sigue al ser. A fin de cuentas, lo que hay son hombres buenos y no buenas acciones. Lo que hace bueno a un hombre es el amor. Es una actitud de fundamental afirmación de la realidad.
- Hay hombres que tienen más altura moral que otros; y no es que les estén permitidas más cosas que a los demás; más bien tienen más obligaciones porque pueden, ven y entienden más que los demás. En general no aparecen como mejores que los demás, sino que la discrepancia entre lo que ven y lo que hacen es tan grande que más bien les hace sufrir.

- Existe la posibilidad de que el hombre reconozca la culpa de su propia limitación, apunte la de los demás a su ignorancia y los perdone. No sólo existe la justicia, existen también la reconciliación y el perdón.

Eurídice dijo...

Perdonad por el fallo, he puesto capítulo IV en vez de capítulo VI y capítulo V en vez de capítulo VII. Un saludo

Beatriz Manzanero dijo...

Hola, buenas noches. Soy Beatriz Manzanero. Realizaré un breve resumen del Capítulo VII.
Hemos visto en el capítulo anterior que nada de los que se haga contra la conciencia puede ser bueno, y la conciencia puede estar mal orientada.
*¿Qué es una buena voluntad? Seguramente, aquella voluntad que desea el bien. Pero la pregunta por el buen ya no se responde señalando la buena voluntad.
*La buena intención se podría convertir fácilmente en justificación para todo tipo de injusticias y maldades.
*La buena intención no cambia en nada la injusticia del acto. No queremos el mal por el mal, sino que lo queremos como medio y lo aceptamos como precio para conseguir un fin que no es malo en sí mismo. Pero si todo acto se justificará por esa buena intención, entonces el más inocente sería el que lograse con mayor perfección expulsar de su conciencia los aspectos negativos de su comportamiento.
*El mayor obstáculo cuando se trata de juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer reside en la falta de disposición para poner entre paréntesis nuestros propios intereses. Por eso, la regla moral quizá más antigua y extendida dice: “ No haga a otro lo que no quieres que te hagan a ti”.
*Lo que las reglas universales prueban es la imparcialidad de juicio en algunas cosas.
*Para que una actividad sea buena es decisiva otra cosa: se comporte uno de acuerdo con su valor propio, que hagamos justicia a la realidad.
*Su dignidad radica en que no es una parte de la realidad sino que es su conciencia percibe que debe hacer justicia a la realidad como un todo: como ser potencialmente moral, la persona meceré un respeto incondicional.
*Un cierto grado de abundancia no es bueno para los hombres porque les ciega para apreciar el valor de las cosas.
*La mayoría de los casos se comprende por sí mismo lo que hay que hacer. pero se dan casos conflictivos, conflictos de deberes. La mayoría de las situaciones en las que nos encontramos son complejas: las diferentes exigencias se superponen, lo mismo que las diversas responsabilidades que uno tiene.
*A una persona con capacidad de juicio y de recto pensamiento, le resulta evidente la jerarquía de importancias y apremios. Pero no siempre…
* Aquello de lo que efectivamente debemos dar cuenta depende de múltiples circunstancias; depende entre otras de lo que uno es para otro. De manera que no se puede fijar definitivamente el límite superior de lo que hace una buena acción.
* Y es que hay acciones que lesionan la dignidad del hombre, que afectan a su carácter de fin, y que no pueden ser justificadas por deberes más altos, o responsabilidades más amplias.
*la buena intención no basta para hacer una buena acción, aunque ésta no es posible si no hay buena intención.
*agere sequitur ese, el obrar sigue al ser. A fin de cuentas, lo que hay son hombres buenos y no buenas acciones.


Un saludo

Anónimo dijo...

Hola a todas, soy Sofía Martín y en esta ocasión he sacado los puntos más importantes que hacen referencia a la conciencia y a la buena acción de forma muy esquematizada.

Conciencia
- la conciencia dice a cada uno lo que debe de hacer
- se utiliza en contextos muy variados
- hablar de conciencia es hablar de dignidad del hombre
- es una exigencia de nosotros a nosotros mismos
- es la presencia de un criterio absoluto en un ser finito
- como un movimiento espiritual doble
- no hay conciencia sin disposición a formarla e informarla
- es la convicción con la que terminamos nuestro discurso aunque no siempre poseemos la certeza de hacer objetivamente lo mejor
- parece que nos sustraemos por completo a una dirección externa, programada por los padres
- se diferencia el yo no puedo actuar de otro modo del que obra por instinto del que obra pos conciencia
- hay personas que tienen mala conciencia= sentido de culpabilidad = arrepentimiento
- la conciencia no siempre tiene la razón
- en ocasiones actuando en conciencia se causa a otros una grave injusticia
- la conciencia no es herida si se le impide a uno hacer lo que ella manda, ya que ese obstáculo no cae bajo su responsabilidad
- nada de lo que se haga en conciencia puede ser bueno, no todo lo que se hace en conciencia es bueno

Buena acción
- Kant: “no se puede pensar que exista algo, dentro o fuera del mundo, que pueda ser tenido sin limitación por bueno, a no ser una buena voluntad”
- buena voluntad = voluntad que desea el bien
- justificar actuaciones por la así llamada buena intención- inautenticidad
- buena voluntad es la que se deja obligar por la conciencia y considera la realidad total de proceder; la que no se engaña a sí misma refugiándose en la buena intención
- lo que hace que una acción sea buena es la bondad / lo que la enturbia es el sentimiento del momentáneo, la sensibilidad, la ambición y los ideales
- la acción buena es la que hace justicia a la realidad: tratemos a cada hombre como un ser que, como nosotros, es un fin en sí mismo y respetémonos a nosotros mismos
- no es verdad que estemos obligados siempre a hacer lo mejor de lo posible
- no todo el que dice la verdad actúa ya por eso bien
- máxima de los filósofos antiguos: lo que hay son hombres buenos y no buenas acciones

Me imagino que en el seminario podremos desarrollar mucho más todas estas ideas. Un saludo.

Anónimo dijo...

Hola, soy María Castañón de de Infantil y voy a destacar las pricipales ideas sobre el capitulo IV. En este capitulo Spaemann habla sobre la conciencia, que esta presente en todo hombre, y le dice a cada uno lo que debe hacer. Es una exigencia de nosotros a nosotros mismos, que no es fruto unicamente de nuestra educación sino que todos poseemos un germen de conciencia en nosotros.Se necesita que esta conciencia este bien formada, y eso solo se consigue con una jerarquia de valores recta; ya que muchas veces el hombre posee una conciencia erronea debido a una ideología que la deforma, y actua de forma que daña al projimo, aunque el piense que su conciencia esta bien. Y aunque piense que sus actos son buenos, no son asi pues dañan a los demás.
Por eso hace reflexiones para indicar que la conciencia es correcta, pero a la vez conduce al error,puesto que no siempre lleva la razón al ser un organo del bien y del mal, no es algo absoluto en sí mismo. Ya que la conciencia es quien nos orienta y nos hace mirar a lo universal. Por esta razon, esta conciencia puede estar mal orientada y nos puede llevar a cometer errores haciendo cosas que no son buenas. Por tanto, no podemos permitir que una persona aun actuando en conciencia, lesione los derechos de otra persona. Y ante una situación como esta nuesro deber es impedir que actue.
Según Spaemann, la conciencia comporta un doble movimiento que consiste en: 1) salir de sí mismo relativizando los propios intereses, pidiendo consejo a los demás, para poder preguntarse sobre lo beuno y correcto; 2) supone volver de nuevo a sí mismo, para luego con convicción propia, actuar. Como persona tengo la responsabilidad de sopesar si mis actos concilian o no con mi conciencia. El hombre siempre tiene que actuar en consecuencia de lo que opina que es objetivamente bueno, es decir, en conciencia. Pero no basta con la buena intención o buena conciencia, sino que tiene que actuar siempre teniendo en cuenta la realidad.
La conciencia es una llamada de atención. Cuando un hombre tiene "mala conciencia" o remordimientos, es porque sabe que ha actuado contra su propia conciencia, ha realizado un acto sabiendo que no era bueno.
Spaemann hace una apreciación sobre el mal en la que defiende que todo ser humano evita el mal por el mal, pero se puede acabar actuando empleando medios que no son buenos para alcanzar nuestros fines, fines que no son malos en sí mismos. Se suprime la voz de la conciencia que nos indica lo negativo de aquello que vamos a hacer, y lo justificamos con los aspectos positivos hacia los cuales me conduce esta mala acción. Por tanto, debemos actuar en base a la realidad con nuestra propia conciencia, actuando con conocimiento y amor; que como dice Spaemann es la actitud de fundamental afirmación de la realidad.

Marta dijo...

Hola soy marta Cánovas y me gustaría compartir con vosotros la impresión que me ha causado la lectura del capítulo VI especialmente.
Me apasiona el tema de la conciencia a mi me parece personalmente que la conciencia, que teóricamente todo la tenemos, es lo que nos rige y nos dice qué es lo bueno y qué es lo malo. Sin embargo, aunque la conciencia es algo propio de cada individuo, me parece que necesariamente tiene que ser educada, como todo en el hombre.
Si una persona no está bien educada y por consecuencia no tiene la conciencia eduacada , a lo largo de su vida podría encontrarse en situaciones en las que no haga caso a esa voz interior que le dicta lo que debe o no hacer y por otra parte alguien que no esté bien educada creo que puede llegar a no tener conciencia. Las personas tenemos un fuerte poder d autoconvicción y de engaño sobre nosotros mismos y alguien que no está educada, o que es “malo” puede no tener ese diálogo interno y lograr ignorar a la conciencia, quien sin duda, en mi opinión en la que te dicta en todo momento qué deben hacer.

Como es quien prioriza y jerarquiza los valores de las persona debemos ser conscientes de que es educacable y no se estructura de forma espontánea.

Para finalizar mi comentario, me gustaría volver a recalcar, lo interesante que me parece el tema de la conciencia. Gracias

Anónimo dijo...

Hola soy Rocío de la Haza y voy a comentar el capíputulo VII:

En este capitulo nos habla sobre la conciencia, la buena intención y/o voluntad, la realidad, la dignidad...todas ellas referidas a nuestras acciones, las acciones de los hombres .
“la conciencia es la mirada que el hombre dirige al bien, una llamada de atención”. Entonces ¿actuar en conciencia es siempre bueno? No, dice Spaemann, ya que la conciencia puede estar mal orientada.
Kant: “no se puede pensar que exista algo, dentro o fuera del mundo, que pueda ser tenido sin limitación por bueno, a no ser una buena voluntad”. Aquí entra en juego “buena voluntad”, aquella voluntad que desea el bien. Por tanto, toda acción hecha con buena voluntad seria una acción buena. Spaemann nos dice no, no se puede tener sin limitación por bueno. La buena intención se podría convertir fácilmente en justificación para todo tipo de injusticias y maldades. De manera que si al perseguir el bien aceptamos a cambio un mal esta acción se convierte en mala. Pero no es aquí donde está el mal ya que no sabe lo que hace sino el mal está en que no quiere saberlo. No quiere ver la realidad del hecho. Por lo tanto la buena intención no cambia la injusticia del acto.
“La acción buena es la que hace justicia a la realidad”. Siempre tiene que tener en cuenta la realidad, sin dejarla de lado. Spaemann dice: “los ideales, puede enturbiar la mirada a la realidad” y se niegan a dirigir la atención a lo que la acción significa para los afectados.
Hay situaciones en las que es obligatorio posponer los deseos de los demás a los propios. El “ama a tu prójimo como a ti mismo” significa, no hagas diferencias entre el amor a ti mismo y al prójimo. Otro autor añade “no hagas a los otros lo que no quieres que te hagan a ti”. Esto nos exige preguntarnos “si nos gustaría que todos los hombres siguieran esta regla siendo nosotros los afectados”.
Kant: “el hombre no tiene valor sino dignidad”. La persona merece un respecto incondicional. Nunca hay que lesionar la dignidad del hombre, es decir, utilizarlo como medio para alcanzar otra cosa.
Pero no todo el que dice la verdad actúa ya por eso bien. La buena intención no basta para hacer buena una acción aunque esta no es posible si no hay buena intención. Según Spaemann lo que hay son hombres buenos y no buenas acciones.

Anónimo dijo...

Hola soy Rocío de la Haza y voy a comentar el capítulo VI:¿Hay que seguir siempre la conciencia?:

Denominamos conciencia a algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse incondicionalmente; algo que es defendido también por la Constitución, aunque condenemos a fuertes penas a los que actúan en conciencia. Unos tienen la conciencia por la voz de Dios en el hombre, otros como producto de la educación, como interiorización de las normas dominantes, originariamente exteriores. ¿Qué ocurre con la conciencia? Robert Spaemann, quien asevera: “Hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre, hablar de que no es un caso particular de algo general, ni el ejemplar de un género, sino que cada persona como tal es ya una totalidad, es ya ‘lo universal’. Podemos ser independientes de nuestros intereses y tener presente la jerarquía objetiva de valores relevante para nuestros actos.En realidad, no es verdad en absoluto que lo que en el fondo y de verdad deseamos esté en una fundamental contradicción con lo que objetivamente es bueno y correcto. Lo que ocurre más bien es que, en la conciencia, lo universal, la jerarquía objetiva de los bienes y la exigencia de tenerlos en cuenta vale como nuestra propia voluntad. La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos. Al causar un daño, al herir u ofender a otro, me daño inmediatamente a mí mismo. Tengo, como se dice, una mala conciencia”. Spaemann la define: “La conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser finito; el anclaje de ese criterio en su estructura emocional. Por estar presente en el hombre, gracias a ella y no por otra cosa, lo absoluto, lo general, lo objetivo, hablamos de dignidad humana".
La conciencia debe ser descrita como un movimiento espiritual doble. El primero lleva al hombre por encima de sí, permitiéndole relativizar sus intereses y deseos, y permitiéndole preguntarse por lo bueno y recto en sí mismo. Y para estar seguro de que no se engaña, debe producirse un intercambio, un diálogo con los demás sobre lo bueno y lo justo, en una comunión de costumbres. El segundo movimiento pertenece a la conciencia, es necesario actuar antes de que se produzca un acuerdo mundial sobre lo recto y lo falso. Es, pues, el individuo el que debe decidir cuándo acaba el interminable sopesar y finaliza el discurso, y cuándo procede, con convicción, actuar.
¿ hay que respetar siempre la conciencia de los demás?depende de lo que entendamos por respetar. En ningún caso se puede decir que uno debe poder hacer lo que le permita su conciencia, ya que entonces también el hombre sin conciencia podría hacerlo todo. Y tampoco quiere decir que uno deba poder hacer lo que le manda su conciencia.

Esther de Zulueta Guimaraens dijo...

Hola buenas noches soy Esther de Zulueta Guimaraens

En el principio del capítulo VI: EL INDIVIDUO O ¿HAY QUE SEGUIR SIEMPRE LA CONCIENCIA?, se habla sobre las muchas definiciones que se refieren en cuanto a la conciencia, el autor dice “la conciencia es algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse, criterio absoluto en un ser finito, es algo que dice a cada uno lo que debe hacer, es un movimiento espiritual doble, es el órgano del bien y del mal.

Por lo que podemos pensar que la conciencia nos permite superar las barreras de nuestro egoísmo y mirar hacia lo universal, lo que es recto en sí mismo.

Este capítulo también trata sobre lo importante que es seguir siempre nuestra lo que dicta nuestra conciencia, porque eso es lo mejor para el momento, aunque el acto no sea bueno, lo cual es una consecuencia de tener mal formada dicha conciencia, en este caso se estaría actuando con conciencia errónea.

Por último b destaca la obligación que todos tenemos de respetar la conciencia de los demás.

En el capítulo VII: LO ABSOLUTO O ¿Qué CONVIERTE UNA ACCIÓN EN BUENA?, el autor habla de la buena intención de las actuaciones, especificando que una buena intención no cambia la justicia o injusticia del acto en sí. Por tanto, se requiere un acto bueno para que la acción sea buena, no basta con una intención buen, en definitiva aquí nos podríamos hacer la pregunta esencial del capítulo V:¿EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS?, conclusión: NO hay justificación para un fin sin el medio utilizado, o mejor dicho el acto llevado a cabo es “erróneo”.

Un saludo

Anónimo dijo...

Buenas noches, soy Lali Azor.

Tras la lectura de los capítulos he sacado varias conclusiones:
-"Acción buena" no siempre es lo que se hace con buena intención, ya que esta se puede utilizar o se suele utilizar como justificación de muchos actos que realmente quieren desviar la atención; el fin es bueno, no queremos el mal por el mal, pero para lograrlo, aceptamos ese precio para conseguir nuestro objetivo. Así, podemos decir que la buena intención no cambia en nada la injusticia de nuestro acto.
La conciencia actúa aquí como llamada de atención a una mala actitud. Cuando se actúa injustamente es necesario el dolor, para que así se pueda dar el cambio de actitud, si no nos arrepentimos, es decir si no sentimos esa culpa, volveremos a cometer el mismo error.
Las causas que nos llevan a no actuar bien pueden ser la ambición, la sensibilidad, la fuerza del sentimiento en un momento dado, los ideales...es aquí, cuando no queremos saber que estamos actuando mal dónde esta el mal, y no en una intención expresamente mala. El mal se define como una renuncia a prestar atención.
- La "conciencia", el juicio propiamente dicho de estos actos, es un órgano del bien y del mal que está "manipulado" en nuestra infancia por lo que vemos y oímos, puede perder el sentido de la pureza y de la sinceridad si no ven esos valoes en una persona con autoridad. Está aqui la importancia de la educación del niño, que aprehende del entorno familiar, del educativo y de la sociedad en general.

Buenas noches.

Victoria Tavira dijo...

Hola soy Victoria Tavira de 2º de Infantil y lo más destacado del capítulo VI es lo siguiente:
Denominamos conciencia a algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse incondicionalmente. Unos tienen la conciencia por la voz de Dios en el hombre, otros como producto de la educación, como interiorización de las normas dominantes, originariamente exteriores. ¿Qué ocurre con la conciencia? Hablar de conciencia es hablar de dignidad del hombre, hablar de que no es un caso particular de algo general, ni el ejemplar de un género, sino que cada individuo como tal es ya una totalidad, es ya “lo universal”. Los hombres pueden saber la razón de lo que hacen. Actúan expresamente y en libertad con respecto al sentido de su acción. Si tengo ganas de hacer algo cuyas consecuencias dañan a un tercero, entonces puedo plantearme esas consecuencias y preguntarme si es justo obrar así y si puedo responder de ese acto. La conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser infinito; el anclaje de ese criterio en su estructura emocional. Por estar presente en el hombre, gracias a ella y no por otra cosa, lo absoluto, lo general, lo objetivo, hablamos de dignidad humana. La conciencia debe ser descrita como un movimiento espiritual doble. El primero lleva al hombre por encima de sí, permitiéndole relativizar sus intereses y deseos, y permitiéndole preguntarse por lo bueno y lo malo. Pero también el segundo movimiento pertenece a la conciencia; por él, vuelve de nuevo el individuo a sí mismo.
Freud ha acuñado el concepto de “super ego”, que, junto al así llamado “ello” y al “yo”, forman la estructura de nuestra personalidad. El “super ego” es la imagen del padre interiorizada; el padre en nosotros. Observó que el “yo” se forma sólo bajo la dirección del “super yo” y se libera en el “ello” de su prisión en la esfera de los instintos. Cierto que para llegar a un “yo” verdadero ha de liberarse también del poder del “super yo”.

MIRIAM COLINO dijo...

MIRIAM COLINO- 2º DE MAGISTERIO INFANTIL:

CAP 6: EL INDIVIDUO O ¿HAY QUE SEGUIR SIEMPRE LA CONCIENCIA?-

-"Es una voz exterior a mí, que JUZGA MIS ACTOS". Es producto de la Educación.

-" Todo el mundo naturalmente tiene conciencia", no obstante sí haces barbaridades, Acallás LA CONCIENCIA y esto es un problema muy gordo...

- Hablar de CONCIENCIA es hablar de la Dignidad del hombre, hablar de que cada individuo es como tal. "Somos LIBRES porque tenemos CONCIENCIA".

-"Obrar en CONCIENCIA implica claramente FORMAR LA CONCIENCIA".

-LA CONCIENCIA es una conexión directa con lo ABSOLUTO.

-"Todos no tenemos la misma Conciencia". Cada uno obra según su conciencia.

-Hay que obrar en Conciencia, aunque nos EQUIVOQUEMOS, SOMOS HUMANOS NO PERFECTOS (DÉBILES).

GRACIAS CONSUELO, esto ha sido una breve reflexión del CAP Vl, de lo más destacante para mi.

MIRIAM COLINO dijo...

MIRIAM COLINO-2º DE MAG INFANTIL:

A continuación, voy a comentar el CAP 8: SERENIDAD O ACTITUD ANTE LO QUE NO PODEMOS CAMBIAR:

-"Cada vida humana es más bien un todo de sentido"; un todo de sentido CUERPO+ALMA Y NO un trozo de carne corporea.

-Por lo demás, el que actúa no tiene la posibilidad de elegir entre relacionarse o no con la realidad. Lo hace al actuar."Al comenzar a actuar ha aceptado ya el destino, tanto el pasado como el futuro".

-Sin duda constatar simplemente "es que yo soy así", cuando uno se ha comportado injustamente, es una mala excusa. Nuestro "ser-así" no es una amgnitud fija que determina nuestra actividad, sino que, al contrario, viene configurado continuamente por nuestras acciones.

-"La propia actividad a lo largo del tiempo adopta la forma de destino".

-"Se sigue del sencillo hecho de que no podemos controlar las consecuencias a largo plazo de nuestra actividad".

-"Fanático es el revolucionario que no reconoce límites morales a su proceder, porque parte de la idea de que sólo gracias a éste adquiere sentido el mundo".

-"El Cinismo es una enfermedad, que priva al hombre del sentido de la vida".

-Cínico: "Cree en el derecho del más fuerte".

GRACIAS CONSUELO, este capítulo es muy interesante y profundo.

-"La felicidad, no es el premio de la Virtud, sino la Virtud misma".

Anónimo dijo...

Buenos dias, soy Sofía Serrano.
En cuanto a la conciencia:

La conciencia debe estar bien formada y de ahí el deber que tienen padres, profesionales de la educación… pues debemos actuar siguiendo nuestra conciencia. “Es algo que dice a cada uno lo que debe hacer, es un movimiento espiritual doble, es el órgano del bien y del mal.” Si el acto no es bueno, esto significaría que nuestra conciencia no está bien formada.

Aunque una conciencia no esté bien formada y por lo tanto sea errónea, todos tenemos la obligación y el deber de respetar la conciencia de los demás.

Uniéndolo al tema VII; nuestros actos siempre van de la mano con una intención, es decir, cual es el fin del por que vamos a actuar de una manera u otra. Aunque nuestra intención sea buena , esto no significa que el acto es bueno o justo. De ahí la pregunta clave, que todos nos hacemos y tratamos de reflexionar y argumentar en ella y clave de este capitulo : ¿ El fin justifica los medios? La respuesta es no; pues aunque la intención sea conseguir un buen fin, los medios, o el acto llevado siempre deben ser correctos.

Carmen Arenas dijo...

Hola soy Carmen Arenas y me gustaría hablar sobre la conciencia, que algunas ya hemos visto en otra asignatura.
La conciencia es un juicio que establecemos entre lo objetivo, lo que es bueno o malo en general, y nuestras acciones concretas.
El juicio de la conciencia puede hacerse antes, durante y después de la acción. Lo más prudente y deseable es poder realizar un juicio previo, pero no siempre lo conseguimos. Al obrar precipitadamente, sin reflexión, podemos o no percibir en el mismo momento si aquello está bien o está mal. La conciencia no para. Y en todo caso, una vez realizado el acto, nos recrimina o nos aprueba.
Se dice a veces de una persona que no tiene conciencia. Tenemos esa percepción cuando vemos a alguien que hace el mal, que falta al respeto a otros, que realiza actos antinaturales, sin que parezca que eso le afecte.
Si no se piensan las cosas, si un hombre vive "irracionalmente", será menos consciente del bien y el mal, lo sentirá menos. Pero también sabemos que es menos libre. A estas situaciones se puede llegar por rutina, por costumbre, por embrutecimiento.

La conciencia tiene un proceso de formación largo y complejo, que en la mayoría de las ocasiones le viene dado a la persona. Pero la conciencia se puede educar.

Cuando se da una buena formación en las verdades importantes, sobre todo en unas creencias religiosas, dentro de una familia estable y ejemplar, la conciencia del niño se enriquece de modo armónico y feliz. El joven, luego adulto, crece con seguridades, y tiene la posibilidad de encontrar el sentido de su vida sin tragedias ni rupturas. En un ambiente disciplinado, con una educación esmerada, el joven encuentra los medios para decidir, para actuar con un norte claro. Tiene todo los medios para ser libre.
La formación de la conciencia es imprescindible.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Hola soy maría Duran y quería hacer un breve resumen de la conciencia:
La conciencia dice a cada uno lo que debe hacer.
La respuesta es correcta, y a la vez conduce a un error en su misma simplicidad .
El significado de la palabra conciencia se utiliza en contextos muy variados.
Unos tienen la conciencia por la voz de Dios en el hombre, otros como producto de la educación, como interiorización de las normas dominantes originariamente exteriores.
Hablar de la conciencia es hablar de la dignidad del hombre, cada individuo como tal es ya una totalidad.
Los hombres pueden saber la razón de lo que hacen. Actúan expresamente y en libertad con sentido al respecto al sentido de su acción.
En la conciencia, lo universal, la jerarquía objetiva de los bienes y las exigencias de tenerlos en cuenta vale como nuestra propia voluntad. La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos.
La conciencia debe ser descrita como un movimiento espiritual doble:
El primero lleva la hombre por encima de sí, permitiéndole relativizar sus intereses y deseos. Debe producirse un intercambio, un dialogo con los demás sobre lo bueno y lo justo.
No hay conciencia sin disposición a formarla e informarla.
Pero también el segundo movimiento pertenece a la conciencia: por él, vuelve de nuevo el individuo a sí mismo. Debe responder a su obediencia
La conciencia nos proporciona saber cuál es la mejor solución posible en ese momento de acuerdo con sus conocimientos.
Hay dos tipos de conciencia; conciencia cierta y conciencia errónea.
En todo hombre hay como un germen de conciencia, un órgano del bien y del mal. Pero este órgano se atrofia si no ven los valores encarnados en una persona con autoridad.
La concia delicada y sensible es característica de un hombre interiormente libre y sincero
La conciencia no siempre tiene razón, aquí es cuándo se da la conciencia errónea,. Hay gente que actuando en conciencia causa claramente a otros una grave injusticia.

silvia mgl dijo...

Buenos dias. Soy Silvia Merino Galtés de 2º de Infantil.
Quisiera centrarme en el tema de la conciencia poniendo como ejemplo la definicion que algunos autores toman de ella.
A juicio de Frankl, el sentido de una situación es único, no cae dentro de una ley general, y por consecuencia, el pensamiento racional por si solo, no puede ayudarnos en nuestra búsqueda de sentido. Él ve la conciencia como un fenómeno humano y no cómo la simple consecuencia de un adiestramiento, imágenes paternas o algo semejante, sino como algo primario y primordial.
Geehard Adler define a la conciencia como: “nuestras leyes internas morales y éticas, nuestra voz interior, o como se quiera denominar a estos factores a priori de la psique humana son manifestaciones del “yo”.
En cuanto al tema mencionado acerca de Hitler y la conciencia me gustaria comentar que en mi opinión:
Suprimir la voz de la conciencia, lleva el riesgo de una conciencia erronea. Lo que puede hacer de nosotros un Hitler.
Cuando Frankl es interrogado acerca de la conciencia de los alemanes en tiempos de guerra, respondio que no creia que Hitler hubiera obedecido alguna vez la voz de su conciencia, afirma que jamás le habría ordenado a un hombre hacer lo que hizo Hitler,
Si Hitler hubiese escuchado realmente la voz de su conciencia no habría llegado a ser el Hitler que fue.
La tragedia de los alemanes fue no haber escuchado cada uno su conciencia.
En conclusion: la voz de la conciencia nos llama, pero somos libres para desatender su llamado. La alternativa son escucharla y obedecerla en la medida de nuestras posibilidades o bien desatenderla. La conciencia es una guía, mas no nos determina, aunque en ocasiones puede extraviarnos .

Victoria Tavira dijo...

Hola soy Victoria Tavira de 2º de Infantil y lo más destacado del capítulo VII es lo siguiente:
La conciencia es la mirada que el hombre dirige al bien, pero el ojo no puede verse a sí mismo. Debemos seguir aquello que nos parece ver. Todo el que actúa tiene, en cierto modo, una buena intención. Nadie quiere el mal como tal. Platón afirmaba que nadie puede obrar si no es por amor de un bien, de un valor. El mal consiste en que, al perseguir ese bien dee una manera que no se puede justificar, se cause o se acepte a cambio un mal. La buena intención no cambia en nada la injusticia del acto. Sólo se puede llamar buena la voluntad que se deja obligar por la conciencia y considera la realidad total de su proceder. El mal se pude definir como renuncia a prestar atención. ¿Qué es lo que hace que una acción sea buena? La bondad del acto tiene que ver con la atención, con una mirada limpia a la realidad. Platón acostumbraba a decir que el buen comportamiento es bueno gracias a su bondad. El altruísmo no es siempre bueno. Se dan situaciones en que es no sólo justo sino obligatorio posponer los deseos de los demás a los propios. El "ama a tu prójimo como a ti mismo" no significa " ámalo sobre todo", sino: no hagas diferencia entre el amor a ti mismo y al prójimo.
Para que una actividad sea buena es decisiva una cosa: que tratemos a cada hombre como un ser que, como nosotros, es un fin en sí mismo.
No todo el que dice la verdad actúa ya por eso bien. Puede decirla con amor, con benevolencia, o puede utilizarla como un arma, con una intención infame.La buena intención no basta para hacer una buena acción, aunque ésta no es posible si no hay una buena intención. Hay una vieja máxima de los filósofos antiguos: ager sequitur esse, el obrar sigue al ser. Lo que hay son hombres buenos y no buenas acciones. Lo que hace bueno a un hombre tiene un nombre en la tradición cristiana: amor. Medidos por esta medida del amor, sólo somos condicionalmente buenos.

msastre dijo...

Hola buenas tardes a todas, soy Marta Sastre Martínez de 2º Magisterio de Educación Infantil.
Los capítulos de esta semana me han parecido muy interesantes, sobre todo el primero. Quisiera comentar sobre la noción de conciencia.
Spaeman define conciencia como “germen que tiene todo el ser humano que le ayuda a diferenciar entre el bien y el mal”, precisamente porque es un germen, se desarrolla con el paso del tiempo. Por lo tanto partimos de algo universal que todos tenemos pero que se va modelando a través de la educación que recibamos, de las influencias de nuestro entorno, de las experiencias que vayamos teniendo….
Sin embargo, YO SOY RESPONSABLE DE LA CONCIENCIA QUE HE FORMADO. De tal forma que no se puede decir que yo no tengo culpa alguna al cometer un acto malo puesto que según mi conciencia ese acto era bueno. Sí tengo la culpa porque no me he responsabilizado de su formación. Si lo hubiera hecho, no habría cometido ese acto malo, pues me habría dado cuenta de que estaba mal antes de cometerlo.
Por eso, ante la duda de si un acto está mal o bien, no debemos actuar (al menos que no se disponga tiempo para la reflexión), sino que debemos interesarnos por averiguarlo, esto es: debemos formar nuestra conciencia. ¿Cómo la formamos? ¿Cómo salimos de la duda de si ese acto es bueno o malo? Pues preguntando a los demás, preguntando a aquellas personas que consideramos que nos van a dar la mejor respuesta, que consideramos que poseen una correcta escala de valores. También leyendo podemos formar nuestra conciencia, pero otra vez lo mismo: sólo aquello que nosotros sabemos que nos va a aportar conocimientos verdaderos. No sé si me explico.
Si yo quiero saber si robar está mal o bien no voy a ir a preguntárselo a un carterista y tampoco leeré libros como “El decálogo del ladrón”. Antes bien, preguntaré a personas de confianza y leerá libros o artículos que me ayuden a alcanzar la verdad ( y no a meterme más en la mentira).
Por otro lado, SIEMPRE DEBO SEGUIR LO QUE ME DICTA MI CONCIENCIA, aunque no tenga razón. Actuar en contra de la conciencia no está bien.